Amigos, en nuestra segunda lectura de este domingo, Pablo le dice a la iglesia de Filipo, “No tengan angustia en absoluto”. Es difícil imaginarse que Pablo —que naufragó muchas veces, que fue golpeado al borde de la muerte, que fue amenazado, acosado, perseguido y combatido y que finalmente fue arrestado, arrastrado a Roma y decapitado— nunca haya experimentado ansiedad. ¿A qué se refiere entonces? La pista es lo que dice a continuación: “Sino que en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, den a conocer sus peticiones a Dios”.
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