Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús declara que no hará nada en detrimento de la Ley y los Profetas sino darles cumplimiento. Jesús mismo era un Judío que observaba las normas, y los temas e imágenes de las Sagradas Escrituras eran fundamentales para Él.

¿A qué entonces dará cumplimiento? El teólogo protestante N.T. Wright dice que el Antiguo Testamento es esencialmente una sinfonía incompleta, un drama sin punto culminante. Es la articulación de una esperanza, un sueño, un anhelo —pero sin la realización de esa esperanza, sin la satisfacción de ese deseo.

Israel sabía que era un pueblo con una misión definida, la de convertirse en santo y con ello transformar el mundo a la santidad. Pero contrariamente a ello, Israel cae en pecados mayores y mayores. Y en lugar de ser un agente de cambio para la conversión del mundo, es el mundo el que continuamente agobia y esclaviza a Israel.

Entonces llega Jesús, que termina siendo, del modo más inesperado, el cumplimiento del sueño. Desde el comienzo de su vida pública, Jesús moviliza las tribus de Israel para que se unan, a través de la conversión y el perdón de los pecados.