Amigos, en este segundo domingo de Cuaresma, nuestra primera lectura de Abraham y el relato de Mateo de la Transfiguración dirigen nuestra atención hacia un principio básico de la Biblia. Dios nos ha creado para que salgamos de nosotros mismos, para que experimentemos el esplendor de la realidad. Cuanto más dejamos de pensar en nosotros mismos y en nuestras prerrogativas, —y cuanto menos intentamos tomar y apegarnos a cosas— nos sentimos más plenos. La salvación, por lo tanto, está muy relacionada con la aventura.
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