Amigos, para este Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, escuchamos de Jesús una historia que suele molestar a todos: la parábola de los trabajadores de la viña. Deberíamos escuchar nuestra voz en la queja de estos trabajadores. Al tratarse de Dios, a menudo creemos que las cosas son injustas. ¿Por qué hace lo que hace? Quisiera abordar este asunto con una aclaración que surge del corazón de la tradición espiritual: No te enamoras de los beneficios de Dios; te enamoras de Dios.
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