Amigos, nuestra lectura del Evangelio de hoy es extremadamente corta, pero está llena de significado teológico y espiritual. Primero escuchamos una voz que dice: “Mis ovejas oyen mi voz . . .” Qué maravilloso y extraño que el cristianismo no sea un conjunto de ideas. No es una filosofía o una ideología. Es una relación con alguien que tiene una voz. Los primeros discípulos tuvieron el privilegio de escuchar la voz del Jesús histórico, con su tono y textura muy particulares.

Nosotros también escuchamos su voz, a nuestra manera, cuando escuchamos las Escrituras que son proclamadas en la Misa. Eso sí, no sólo leemos la Biblia; escuchamos la Biblia. Escuchamos también la voz de Jesús cuando hablan los Obispos y los Papas. Podemos también escuchar la voz de Jesús en nuestra conciencia, lo que Newman llamó “el vicario originario de Cristo en el alma”.

También podemos escuchar la voz de Jesús en los buenos amigos espirituales, en aquellas personas que nos consuelan y nos desafían, nos llaman a ideales superiores y nos alientan cuando caemos. Escuchamos a Jesús porque nos está guiando a una vida renovada y transformada hacia lo alto con Dios.