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Internet y el juego de Satanás

by Bishop Robert BarronJanuary 21, 2019

A estas alturas todo el país ha visto el video de una supuesta confrontación racista en frente al Lincoln Memorial, entre un sonriente estudiante de secundaria y un anciano nativo-americano que canta y toca el tambor. El inmediato y feroz juicio de la comunidad de internet fue que el joven estaba efectivamente burlándose y humillando al anciano, pero subsiguientes videos desde diversos ángulos, así como el testimonio del propio joven, han arrojado dudas considerables sobre el juicio original. Mi propósito en este articulo no es el de zanjar la cuestión, que sigue siendo, en el mejor de los casos, ambigua, incluso si consideramos los hechos más básicos. Deseo más bien hacer un comentario acerca la moralmente indignante y profundamente preocupante naturaleza de la respuesta a los sucesos, una que yo caracterizaría, literalmente, como satánica.

Cuando vi por primera vez el video en cuestión, ya tenía millones de reproducciones en Facebook y había sido comentado más de 50,000 veces. Ansioso de enterarme de qué se trataba, empecé a desplegar los comentarios. Prácticamente el cien por ciento eran contra el joven, y se caracterizaban, como de costumbre en las redes sociales, por una punzante crueldad. Mientras continuaba revisando las reacciones, empecé a encontrar algunos que incitaban venganza en contra del chico, y después otros que facilitaban las direcciones y los correos electrónicos de sus padres, su escuela y su diócesis. Recuerdo haber pensado, “Ay, ¿se dan cuenta de lo que hacen? Realmente están arruinando, incluso amenazando, la vida del chico”.

En este punto, mi mente se volcó, como frecuentemente hace últimamente, a René Girard. El gran filósofo franco-americano y comentador social, que es bien conocido por sus especulaciones acerca de lo que el llamó el mecanismo del chivo expiatorio. Tristemente, mantenía Girard, la mayoría de las comunidades humanas, desde los amigos de café hasta las naciones estado, están definidos por este disfuncional y profundamente destructivo instinto. Hablando a grandes rasgos, se despliega de la siguiente manera. Cuando surgen tensiones en un grupo (lo hacen inevitablemente), la gente empieza a buscar un chivo expiatorio, alguien o algún grupo a quien culpar. Profundamente atractivo, incluso adictivo, buscar un chivo expiatorio atrae rápidamente a la muchedumbre, que pronto se convierte en una turba. En su odio común a la víctima, los acusadores comparten un sucedáneo de sentimiento de unión. Llenos de la excitación que nace del fariseísmo, la turba se preocupa de aislar y finalmente eliminar al chivo expiatorio, convencidos de que esto restablecerá el orden en su enturbiada sociedad. A riesgo de sucumbir a la falacia de reductio ad Hitlerum, en ningún momento se hizo tan patente esta idea de Girard que en la Alemania de los años 30’. Hitler explotó ingeniosamente el mecanismo del chivo expiatorio para unir a su país, de una manera evidentemente malvada.

La teoría de Girard está enraizada en sus estudios sobre Shakespeare, Dostoyevski y otras figuras literarias, pero su influencia más profunda fue la Biblia, que no solo identifica el problema, sino que muestra su solución. Echa una buena y larga mirada a la historia de la mujer encontrada en adulterio que se encuentra en el capítulo octavo del evangelio de Juan para ver lo que Girard vio, tanto acerca del pecado como sobre su solución. Se nos dice que uno de los principales nombres del diablo en el Nuevo Testamento es ho Satanas, que significa acusador. Que significativo, pensaba Girard, que sea precisamente ho Satanas el que ofrece todos los reinos de la tierra a Jesús, sugiriendo que todas las formas humanas de comunidad están contaminadas, al menos en gran parte, por el característico juego satánico de acusar, culpar y buscar chivos expiatorios.

Todo esto nos trae de vuelta al incidente de Washington y de la repugnante reacción contra éste que surgió en internet. He usado internet con resultados positivos en mi trabajo evangélico de muchos años, por lo que no estoy de acuerdo con aquellos que lo denuncian sin matices. Sin embargo, hay algo en las redes sociales que hace que sean particularmente perniciosos caldos de cultivo para la victimización girardiana. Tal vez es el anonimato, o la facilidad con la que se escriben y publican los comentarios, o el prospecto de llegar a una gran audiencia con poco esfuerzo; pero lo cierto es que los foros son, de manera creciente, caldos de cultivo en los que florecen el odio y las acusaciones. Cuando buscamos evidencia de los satánico en nuestra cultura, no pierdas tu tiempo en los efectos especiales hechos populares por las películas de exorcistas. No mires más allá de tu computadora y de las retorcidas “comunidades” que ésta hace posible, y de las víctimas que expulsa regularmente. 

Hace unas semanas, el Wall Steet Journal publicó un artículo sobre mí y mi trabajo. El autor se refería a mí como “el Obispo del Internet”, un título que encuentro bastante extraño. Pero de momento, voy a utilizarlo, solo para poder hacer un pronunciamiento pastoral para todos aquellos que usan las redes sociales. Cuando estés a punto de hacer un comentario, hazte esta sencilla pregunta: “¿Estoy haciendo esto por amor, por un sincero deseo de bien hacia la persona o personas a las que me dirijo?” Si no, cállate. Si te resulta claro que tu comentario es pura descarga de bilis, búsqueda de chivos expiatorios o postureo ético, cállate. Internet puede ser una gran herramienta y también puede ser una herramienta para propósitos satánicos. Aplicar esta prueba de amor puede ser muy efectivo para socavar la búsqueda de chivos expiatorios y para expulsar al maligno.