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“Bird Box” y el combate espiritual

by Bishop Robert BarronJanuary 16, 2019
Spoiler Alert

Bird Box, la película basada en la novela británica del mismo nombre, empezó a transmitirse por Netflix alrededor de la Navidad. Protagonizada por Sandra Bullock y John Malkovich, es un tenso thriller que consigue, quizá a pesar de sí mismo, iluminar considerablemente la alarmante condición espiritual de la cultura contemporánea.

El personaje que interpreta Bullock, Mallorie, es una talentosa pintora cuyo trabajo refleja su lúgubre visión de la vida y su incapacidad de mantener relaciones reales con otras personas. Al comenzar la película, Mallorie está embarazada, aunque no está viviendo con el padre del bebé, y parece que intentaba dar al niño en adopción. Justo después de un chequeo de rutina, se desatan todos los infiernos. Extrañas fuerzas espirituales han invadido la ciudad y todos los que entran en contacto con ellas son obligadas a suicidarse feroz e inmediatamente. Mallorie contempla con horror como sus vecinos se lanzan sobre autobuses a toda velocidad, se internan en incendios, se disparan y se apuñalan hasta morir. Ella es rescatada por un reducido grupo de gente que se apiñaba dentro de una casa (parece que los espectros solo podían operar al aire libre), y el resto de la película es un relato de su desesperada lucha por sobrevivir. 

Con el pasar de las semanas y los meses, cada habitante de la casa se expone eventualmente a los espectros y comete suicidio, excepto por Mallorie, su hijo y la hija de una de las víctimas. Habiendo escuchado en la radio la noticia de un refugio río abajo de la casa, nuestra heroína y los niños partieron en barco con los ojos vendados. Tras un terrible viaje, durante el cual son amenazados por enemigos espirituales y físicos, encuentran el refugio, que resulta ser, comprensiblemente, una escuela para niños ciegos. En aquel lugar, marcado tanto por el calor humano como por la belleza de la naturaleza, Mallorie parece encontrar ese sentido de apego—sobre todo con los niños—que le faltaba al principio de la película. Entiendo completamente que el director comentara que Bird Box es en última instancia la historia de un personaje que descubre lo que significa ser una madre.

Pero lo que encuentro particularmente interesante sobre la película es lo que le falta: a saber, una referencia a Dios. He mostrado como a menudo en las películas de desastres que presentan invasiones alienígenas o calamidades naturales, es raro que la gente invoque a Dios. La gente se une, muestra valentía, encuentra reservas internas de fortaleza, etc., pero casi nunca pide ayuda de una fuente sobrenatural. Sin embargo, esta ausencia es especialmente desconcertante en una película cuyos villanos son precisamente fuerzas espirituales malignas: demonios, si se quiere. Hay un momento tragicómico hacia el comienzo de Bird Box, justo después de que la pequeña comunidad se reuniera buscando protección. Tratando de entender qué es lo que pasaba, buscando explicaciones, proponían una teoría y la otra. Finalmente, un muchacho propone un absurdo cambalache de ideas “espirituales” tomadas de varias religiones y mitologías. Cuando todos le miran confusos, él dice, tímidamente, “lo saqué de internet”. Encuentro esa escena como una triste muestra de nuestra situación cultural.

Al menos en Occidente, gran parte de la religión clásica se ha venido abajo y se ha rendido rápidamente al espíritu de la época, convirtiéndose en una forma más de corrección política. Por tanto, frente a un peligro espiritual real, apenas unos pocos poseen el marco metafísico para entender lo que pasa, o la fuerza moral para pelear contra el enemigo como es debido. A medida que la película llega a un final relativamente feliz, los sobrevivientes se tienen el uno al otro y la belleza de la naturaleza, pero la amenaza espiritual se mantiene, precisamente porque nadie sabe qué hacer contra ella.

Bird Box, como mencioné, se estrenó justo antes de la Navidad. O sea, al mismo tiempo que la película navideña más famosa de todos los tiempos era transmitida sin cesar. Mientras miraba ¡Qué Bello Es Vivir! probablemente por cuadragésima octava vez (lo sé: alerta de nerd), me sentí especialmente movido por la escena de George Bailey en el puente nevado. Habiéndose enfrentado a sus peores miedos—la pérdida de su estilo de vida, reputación, fortuna y familia—George se puso a orar, y aunque le tomó un tiempo darse cuenta de lo que pasaba, Dios le envió un ángel para ayudarlo. Su eminentemente espiritual crisis, que le llevó al borde del suicidio, se resolvió a través de medios espirituales. 

Los personajes de Bird Box especulaban que los espíritus malignos se presentaban como la suma de los peores miedos de una persona, lo que explicaba el devastador efecto que tenían en aquellos que los veían. Si Dios desaparece, entonces nuestros miedos nos sobrepasarán realmente; o en el mejor de los casos seremos capaces de mantenerlos a raya. Apreciar la diferencia entre la respuesta de George Bailey y la de Mallorie contra los poderes de la oscuridad es apreciar cierta trayectoria decadente en nuestra cultura.