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¡Bienvenidos Todos Los Pecadores!

by Bishop Robert BarronJuly 24, 2018

Mientras estaba en Georgia, filmando el episodio de Flannery O’Connor para mi serie Pivotal Players, vi un cartel a la salida de una Iglesia que le hubiera encantado a la famosa y escabrosa escritora católica: “¡Bienvenidos todos los pecadores!” Me pareció que era un precioso giro cristiano al lema de acogida que impregna nuestra cultura actual. En un tiempo de casi total relativismo moral, el único valor que todos parecen aceptar es la inclusividad, y lo único que todos parecen aborrecer es la exclusividad. “¿Quién soy yo para decirte lo que tienes que hacer?” y, claro, todo el mundo entra al grupo. Lo que me gustó especialmente del cartel en Georgia es que nos obliga a hacer ciertas distinciones y a pensar con un poco más de precisión sobre el consenso moral de nuestros tiempos.

¿Es verdad decir que “todos son bienvenidos”? Bueno, pues sí, si lo entendemos como bienvenidos al gran círculo de la familia humana, bienvenidos como sujetos de infinita dignidad que merecen amor y respeto. Los cristianos—y de hecho cualquier persona decente—se posicionan en contra de la idea, que permea una supuesta cultura de inclusión, de que el no nacido, el anciano, el discapacitado no son particularmente acogidos. Si por “todos son bienvenidos”, uno quiere decir que todas las formas de racismo, sexismo y elitismo son moralmente repugnantes, entonces sí, el eslogan es correcto.

Pero consideremos otros escenarios. ¿Reivindicaríamos que todos son bienvenidos a formar parte del equipo de béisbol de la universidad? Supongo que todos están invitados a hacer las pruebas, pero el entrenador evaluará a cada candidato y después juzgará que algunos merecen entrar en el equipo y otros no. Nos guste o no, incluirá a algunos y excluirá a otros. ¿Aceptaríamos que todos son bienvenidos a participar de una orquesta? De nuevo, en principio, todos tienen derecho a intentarlo, pero el director determinará justa e implacablemente quien tiene lo necesario para hacer música al más alto nivel y quien no, e incluirá y excluirá respectivamente. ¿Estaríamos dispuestos a aceptar que todos son bienvenidos a ser miembros de nuestra sociedad civil? Bueno, sí, si consideramos el asunto en abstracto; pero también reconocemos que ciertas maneras de comportarse son incompatibles con una total participación en el espacio público. Y si la falta es suficientemente grave, se imponen severos límites al culpable, restringiendo su movimiento, llevándolo a juicio e incluso encarcelándole.

Con esta distinción básica en la mente, consideremos que significa ser miembros de la Iglesia de Jesucristo. ¿Todos son bienvenidos a la Iglesia? ¡Por supuesto! Todo el mundo cita a James Joyce para mostrar que el lema de la Iglesia Católica es “aquí vienen todos”, y esto es esencialmente cierto. Jesús quiere llevar a cada uno a la unión con el Dios Uno y Trino, o lo que es lo mismo, a hacerle miembro de su Cuerpo Místico que es la Iglesia. En el Evangelio de San Juan, Jesús declara: “Cuando el hijo del Hombre sea levantado, atraerá a todos hacia Él”. La columnata de Bernini, lanzándose como brazos envolventes desde la Basílica de San Pedro, está pensada para simbolizar esta acogida universal ofrecida por Cristo. ¿Es la Iglesia, como dice el Papa Francisco, un hospital de campaña dónde incluso los heridos más graves son bienvenidos para recibir tratamiento? ¿Está disponible la Misericordia del Señor para todos, incluso para los pecadores más recalcitrantes? ¡Sí! De hecho, esta era una de las razones por las cuales la Iglesia era tan atractiva en el mundo antiguo: cuando la sociedad romana dejaba al enfermo indefenso y a menudo desechaba al recién nacido que había sido juzgado indigno de vivir, la Iglesia incluía a esas víctimas de la “cultura del descarte” de aquellos tiempos.

Pero entonces, ¿Significa esto que la Iglesia no emite juicios, ni discrimina, ni demanda? ¿La acogida de la Iglesia implica que todos están bien cómo están? Acá debemos responder con un no rotundo. Y el cartel de Georgia nos ayuda a entender por qué. La palabra griega que traducimos por “Iglesia” es “ekklesia” que conlleva el significado de “llamado afuera de”. Los miembros de la Iglesia han sido llamados fuera de cierto modo de vida a otro, fuera de la conformidad con el mundo para conformarse con Cristo. Por lo tanto, todo miembro de la Iglesia es un pecador acogido que ha sido llamado a la conversión. Ella es alguien que, por definición, no está conforme con quien es. Volviendo a la famosa imagen del Papa, un hospital de campaña no recibe a los que están bien sino a esos que están profundamente, e incluso gravemente, heridos. El problema es que cada vez que la Iglesia hace una demanda o llama a la conversión, es acusada de ser “excluyente” o insuficientemente “inclusiva”. Como el cardenal George lo puso una vez, comentando la famosa canción litúrgica “todos son bienvenidos”, ciertamente lo son, pero según los términos de Cristo, no según los suyos.